Hago recuento de los días muertos,
Percibo su descompuesta esencia,
Sus horas tumoradas de traiciones,
Enfermas de deslealtad, de Infamia y miedo.
Emprendo viaje sin mirar atrás,
Mientras dejo escrito un conciso epitafio de olvido.

A día de hoy,
cuando el solsticio de todos los soles
sin geografía
somete y diluye los márgenes del camino,
pienso en ti y en tu luz de luna.
A día de hoy,
como una abierta herida, obstinada
e insondable
se desgranan mis tristezas más definitivas;
pienso en ti y en la matemática deliberada del espejo.
A día de hoy,
pienso en ti y en el reflejo demorado
del tiempo, breve, crepuscular,
que ya se perdió en tu mirada.
Se me sube la sangre toda
a la garganta,
garganta afligida
que ya no puede gritar;
se colapsa
y se fragmenta en aullidos inaudibles
de dolor clausurado.
A día de hoy
solo estoy,
solo sin ti,
sin mí,
sin dios,
sin sueños
ni promesas,
sin paz,
sin esperanza.
Esta vieja lluvia
que me sigue
adonde voy
como una sombra de agua
persistente...
Estos huesos cansados
con su hueca
y efímera cadencia
de soledad en procesión...
Este paisaje opaco,
esta ausencia de horizonte,
y las difusas lindes
que franquean el futuro...
Todos los sueños
enterrados en el barro
anodino y conciso
del desengaño...
Mis huellas,
mis pies
y el empeño irreductible
que los anima y eleva...
Los nombres que aún me duelen,
los lugares y los rostros
extirpados a la memoria
con la precisión del cirujano;
la biografía olvidada,
las demoradas ausencias...
La muerte en gris,
la vida en gris,
la inútil espera y un equipaje
con siglos de tristeza...
Tanta concavidad
y toda la inexplorada profundidad
de algunas heridas...
Y a día de hoy,
la recolección orgullosa
y el acomodo urgente
de los latidos que sobreviven
a todos los naufragios...
A día de hoy,
la reconstrucción dedicada y minuciosa
de las estancias del corazón,
la apertura trémula
de puertas y ventanas,
el adviento urgente del color,
la sinfonía de flores y esencias
sobre el lecho de la ilusión,
las luces prendidas,
y el camino de pétalos
que delimita un acceso
diáfano y soleado...
El mar infinito
lamiendo la isla humilde...
Y en el centro de la isla,
el niño resucitado...
...esperándote
con caracolas
imposibles
en las manos...
Vengo de los profundos lagos
donde el dolor antiguo se remansa,
procedo de la tierra agreste y humilde,
de la auténtica y serena corteza del olivo,
soy la esencia destilada del esfuerzo,
la piel curtida por el sol que empuña el arado.
Vengo tatuado de tristezas, ebrio de melancolía,
recosido y suturado de desengaños y traiciones;
soy el fruto silvestre, la rama que no cede al vendaval,
ni se rinde al fuego devastador.
Todo mi paisaje está erosionado de cicatrices
y certidumbres desoladas.
Vengo con la mirada perdida en lo imposible,
con el corazón aletargado por siglos de ausencia y sequía.
Vengo,
o venía de paso,
como el ave que migra su trémula tristeza
hacia los inhóspitos pantanos del olvido.
Y tú,
luz cálida de octubre,
pequeña,
divina criatura constelada de ternuras imprevistas,
bálsamo que todo lo alivias,
sonrisa del aire que yergue mi esperanza;
tú y tus ojos como universos infinitos de paz.
Me has peinado las alas,
me has perfumado el corazón
y le has dado licencia a mi alma, a mi voluntad
para ser y existir.
Tú has escrito con la luminosa y sagrada saliva
de tus besos de incendio,
la palabra felicidad en mi frente.
Últimamente ando ocupado
recolectando quimeras.
algo ofuscado
identificando sueños abandonados
en senderos remotos
que transita el olvido.
Últimamente siento frío,
tengo miedo;
exhibo un perfil taciturno
forjado en el fuego de la inquietud.
Últimamente,
mi alma,
recuperada de urgencia
descansa al sol
esperando el momento
de engalanarse de nuevo.
Mi alma alisa su enagua
pellizca sus mejillas,
se palpa el vientre
preñado de esperanza
y mira de frente
y de nuevo
al cielo abierto.
Los dolores ajenos
que mi inconsciencia provocó;
heridas abiertas
que aún sangran como ríos de angustia.
Los destinos truncados,
la cobardía que me inmovilizó
y me dominó
más veces de las que creí y reconocí.
La infinita y espinosa tristeza
de la culpabilidad,
del arrepentimiento,
de la impotencia.
El mundo que me devoró
y el que creí devorar;
todo es naufragio,
tatuaje de cicatrices
y desvelos.