Esta vieja lluvia
que me sigue
adonde voy
como una sombra de agua
persistente...
Estos huesos cansados
con su hueca
y efímera cadencia
de soledad en procesión...
Este paisaje opaco,
esta ausencia de horizonte,
y las difusas lindes
que franquean el futuro...
Todos los sueños
enterrados en el barro
anodino y conciso
del desengaño...
Mis huellas,
mis pies
y el empeño irreductible
que los anima y eleva...
Los nombres que aún me duelen,
los lugares y los rostros
extirpados a la memoria
con la precisión del cirujano;
la biografía olvidada,
las demoradas ausencias...
La muerte en gris,
la vida en gris,
la inútil espera y un equipaje
con siglos de tristeza...
Tanta concavidad
y toda la inexplorada profundidad
de algunas heridas...
Y a día de hoy,
la recolección orgullosa
y el acomodo urgente
de los latidos que sobreviven
a todos los naufragios...
A día de hoy,
la reconstrucción dedicada y minuciosa
de las estancias del corazón,
la apertura trémula
de puertas y ventanas,
el adviento urgente del color,
la sinfonía de flores y esencias
sobre el lecho de la ilusión,
las luces prendidas,
y el camino de pétalos
que delimita un acceso
diáfano y soleado...
El mar infinito
lamiendo la isla humilde...
Y en el centro de la isla,
el niño resucitado...
...esperándote
con caracolas
imposibles
en las manos...

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