
A día de hoy,
cuando el solsticio de todos los soles
sin geografía
somete y diluye los márgenes del camino,
pienso en ti y en tu luz de luna.
A día de hoy,
como una abierta herida, obstinada
e insondable
se desgranan mis tristezas más definitivas;
pienso en ti y en la matemática deliberada del espejo.
A día de hoy,
pienso en ti y en el reflejo demorado
del tiempo, breve, crepuscular,
que ya se perdió en tu mirada.
Se me sube la sangre toda
a la garganta,
garganta afligida
que ya no puede gritar;
se colapsa
y se fragmenta en aullidos inaudibles
de dolor clausurado.
A día de hoy
solo estoy,
solo sin ti,
sin mí,
sin dios,
sin sueños
ni promesas,
sin paz,
sin esperanza.

En ocasiones nos miramos en el espejo y sorpendidos, descubrimos el reflejo de un rostro que no es el nuestro.
ResponderEliminarCuando perdemos, desde nosotros mismos a nuestros sueños, todo se vuelve enorme, diferente.
Y desde ese punto de trasición, volcamos todo nuestro remanso de recuerdos esclavos en nuestro lecho de historias incontables.
Abrazos...
Los sueños, los espejos... A menudo sueño con espejos y su reflejo; luego la realidad nunca me permite encontrarlo de nuevo.
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