Los dolores ajenos
que mi inconsciencia provocó;
heridas abiertas
que aún sangran como ríos de angustia.
Los destinos truncados,
la cobardía que me inmovilizó
y me dominó
más veces de las que creí y reconocí.
La infinita y espinosa tristeza
de la culpabilidad,
del arrepentimiento,
de la impotencia.
El mundo que me devoró
y el que creí devorar;
todo es naufragio,
tatuaje de cicatrices
y desvelos.

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