miércoles, 14 de abril de 2010

VIEJA LLUVIA

Esta vieja lluvia

que me sigue

adonde voy

como una sombra de agua

persistente...


Estos huesos cansados

con su hueca

y efímera cadencia

de soledad en procesión...


Este paisaje opaco,

esta ausencia de horizonte,

y las difusas lindes

que franquean el futuro...


Todos los sueños

enterrados en el barro

anodino y conciso

del desengaño...


Mis huellas,

mis pies

y el empeño irreductible

que los anima y eleva...


Los nombres que aún me duelen,

los lugares y los rostros

extirpados a la memoria

con la precisión del cirujano;

la biografía olvidada,

las demoradas ausencias...


La muerte en gris,

la vida en gris,

la inútil espera y un equipaje

con siglos de tristeza...


Tanta concavidad

y toda la inexplorada profundidad

de algunas heridas...


Y a día de hoy,

la recolección orgullosa

y el acomodo urgente

de los latidos que sobreviven

a todos los naufragios...


A día de hoy,

la reconstrucción dedicada y minuciosa

de las estancias del corazón,

la apertura trémula

de puertas y ventanas,

el adviento urgente del color,

la sinfonía de flores y esencias

sobre el lecho de la ilusión,

las luces prendidas,

y el camino de pétalos

que delimita un acceso

diáfano y soleado...


El mar infinito

lamiendo la isla humilde...



Y en el centro de la isla,

el niño resucitado...


...esperándote

con caracolas

imposibles

en las manos...

Vengo de los profundos lagos

donde el dolor antiguo se remansa,

procedo de la tierra agreste y humilde,

de la auténtica y serena corteza del olivo,

soy la esencia destilada del esfuerzo,

la piel curtida por el sol que empuña el arado.


Vengo tatuado de tristezas, ebrio de melancolía,

recosido y suturado de desengaños y traiciones;

soy el fruto silvestre, la rama que no cede al vendaval,

ni se rinde al fuego devastador.


Todo mi paisaje está erosionado de cicatrices

y certidumbres desoladas.


Vengo con la mirada perdida en lo imposible,

con el corazón aletargado por siglos de ausencia y sequía.


Vengo,

o venía de paso,

como el ave que migra su trémula tristeza

hacia los inhóspitos pantanos del olvido.


Y tú,

luz cálida de octubre,

pequeña,

divina criatura constelada de ternuras imprevistas,

bálsamo que todo lo alivias,

sonrisa del aire que yergue mi esperanza;

tú y tus ojos como universos infinitos de paz.


Me has peinado las alas,

me has perfumado el corazón

y le has dado licencia a mi alma, a mi voluntad

para ser y existir.


Tú has escrito con la luminosa y sagrada saliva

de tus besos de incendio,

la palabra felicidad en mi frente.

ÚLTIMAMENTE

Últimamente ando ocupado

recolectando quimeras.

algo ofuscado

identificando sueños abandonados

en senderos remotos

que transita el olvido.


Últimamente siento frío,

tengo miedo;

exhibo un perfil taciturno

forjado en el fuego de la inquietud.


Últimamente,

mi alma,

recuperada de urgencia

descansa al sol

esperando el momento

de engalanarse de nuevo.


Mi alma alisa su enagua

pellizca sus mejillas,

se palpa el vientre

preñado de esperanza

y mira de frente

y de nuevo

al cielo abierto.

HERIDAS ABIERTAS

Los dolores ajenos

que mi inconsciencia provocó;

heridas abiertas

que aún sangran como ríos de angustia.


Los destinos truncados,

la cobardía que me inmovilizó

y me dominó

más veces de las que creí y reconocí.


La infinita y espinosa tristeza

de la culpabilidad,

del arrepentimiento,

de la impotencia.


El mundo que me devoró

y el que creí devorar;

todo es naufragio,

tatuaje de cicatrices

y desvelos.